El Espacio Exploraterra de Sevilla fue escenario el pasado viernes 17 de octubre del foro “La fuerza de todos: administraciones, justicia y fútbol frente al racismo”, organizado por El Confidencial, LALIGA y la Junta de Andalucía. La jornada reunió a representantes institucionales, del ámbito jurídico, deportivo y social con el fin de impulsar una respuesta coordinada frente al racismo y los discursos de odio.
El evento fue inaugurado por la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo Fernández, y contó además con la participación del presidente del Sevilla FC, José María del Nido Carrasco, y del CEO del Real Betis, Ramón Alarcón, quienes reafirmaron el compromiso del deporte andaluz con la erradicación del odio dentro y fuera de los estadios.
En el marco de este foro se celebró la mesa redonda “Contra el odio, hechos. Respuesta desde lo público, lo social y lo deportivo”, que contó con la intervención de Salvador Rodríguez Moya, periodista, doctor e investigador en el estudio del racismo y la violencia en el deporte; Ana María Segovia, directora del Departamento de Incidencia Social de la Fundación Secretariado Gitano; Francisco Jesús Toronjo Benítez, director general de Políticas Migratorias de la Junta de Andalucía; y José Montero Botanch, director de Asuntos Públicos y Relaciones Institucionales de LALIGA.

Durante la sesión, los ponentes analizaron la situación actual y subrayaron la necesidad de reforzar estrategias conjuntas entre administraciones, entidades sociales y el sector deportivo para prevenir los discursos de odio, promover la convivencia y avanzar en la sensibilización ciudadana. También se resaltó el papel del deporte —y del fútbol en particular— como agente de cambio social y como herramienta para combatir la discriminación.
Salva Moya contextualizó los avances que se han llevado a cabo para la erradicación del racismo en el fútbol y los pasos importantes, que no definitivos, que se vienen realizando para el descenso de los episodios racistas:
“Hay un punto de inflexión en 2006 con la creación de la Ley contra el racismo que posibilitó que los gestos racistas descendieran, con multas y cierres parciales de los estadios y en los últimos tiempos, a raíz del caso Vinicius, un racista puede incluso acabar en la cárcel. Otra cosa es la impunidad en las redes sociales, amparados en el anonimato, donde el insulto es gratuito y hay un largo camino para que esa violencia verbal tenga el mismo castigo que al que pillan en un estadio gracias a las cámaras de TV”.
Continuar generando encuentros de reflexión, compromiso y acción colectiva es clave para consolidar una respuesta firme y colaborativa frente al odio y la discriminación.





